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diciembre 1 de 2021
Grano a grano: la industria lidera la competitividad del sector arrocero

Sandra Milena Avellaneda, Directora de la Cámara Induarroz de la ANDI

El mercado colombiano del arroz vive un momento particular por exceso de oferta. Las siembras alcanzaron cifras récord en 2020 y en el primer semestre de 2021, y desde octubre de 2020 los inventarios alcanzan el nivel más alto registrado en nuestra historia arrocera. En esta hora de dificultades, la industria vuelve a jugar un papel fundamental en el trabajo en cadena para superar la coyuntura de producción excedentaria y señalar el camino para elevar la competitividad en el mediano y largo plazo.

A pesar de su marcada estacionalidad, el arroz es un cultivo sostenible, en buena parte gracias a la alianza de los agricultores con la industria, pues son las empresas las que asumen el almacenamiento de los excedentes de producción, financian el área sembrada, implementan programas de transferencia de tecnología al productor y, en muchos casos, facilitan el acceso a la maquinaria agrícola para las labores de cultivo.

Las plantas de molinería están ubicadas en las zonas de cultivo y han realizado enormes inversiones en infraestructura y tecnología de punta para tareas como el recibo de materia prima, secamiento, almacenamiento, molinería y clasificación del grano. En conjunto, compran el arroz a cerca de 17.000 agricultores arroceros, una alianza exitosa que garantiza que los consumidores reciban un arroz de excelente calidad.

Las turbulencias en el mercado se han visto agravadas por la pandemia del COVID-19 y por la protesta social. La industria arrocera plantea soluciones sectoriales a esas crisis, inspiradas en la voluntad de trabajar en cadena, como el programa de incentivo al almacenamiento, el apoyo al uso pecuario del arroz integral, la campaña de consumo masivo y la búsqueda de mercados de exportación.

El aumento de los cultivos de los últimos meses se dio pese a que desde el Ministerio de Agricultura y el Consejo Nacional del Arroz se invitó a los agricultores a autorregular el área sembrada. Sin embargo, fieles a su compromiso con la cadena, la industria dio su apoyo al programa de incentivo al almacenamiento para estabilizar los ingresos de los agricultores, continuó la compra de la cosecha y el almacenamiento de los excedentes de producción.

Merece especial mención el estudio de competitividad del sector, contratado por la Cámara Induarroz y realizado por Fedesarrollo, que divulgaremos en las próximas semanas. Es el mayor análisis que se ha hecho en el país, y sus resultados y recomendaciones definen una hoja de ruta en el corto, mediano y largo plazo para la cadena productiva.

Todas estas iniciativas y realizaciones de la industria arrocera generan señales de confianza entre los diferentes agentes de la cadena.

La coyuntura pasará, pero ahora y en el futuro la industria seguirá enfocada en trabajar por la mayor competitividad de todos los agentes del sector arrocero, convencida de que la sostenibilidad de la industria está atada a la supervivencia y bienestar del agricultor. El estudio de competitividad nos aportará una agenda sectorial precisa e innovadora, enfocada en superar los cuellos de botella de la productividad, definir un paquete óptimo de servicios al productor y establecer las bases del plan exportador del arroz colombiano, que es una de las principales necesidades y mayores anhelos del sector.

Exportar y ofrecer al consumidor colombiano un arroz de excelente calidad a un precio competitivo seguirá siendo el gran objetivo de la industria arrocera, pues es el cereal con mayor peso en el gasto de alimentos de los hogares colombianos, en especial los de ingresos bajos.