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marzo 7 de 2018
‘Lío del acero podría llevar a denunciar el TLC con EE. UU.’

Bruce Mac Master, presidente de Andi, dice se debe buscar que se exima al país del pago de arancel.

Entrevista publicada por el diario El Tiempo

El Gobierno debe buscar que Colombia sea eximida del arancel del 25 por ciento al acero y del 10 por ciento al aluminio que ingresa a Estados Unidos, anuncio hecho en días pasados por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y que formalizará antes de que finalice esta semana.

La noticia tiene nerviosos a los mercados bursátiles, que este miércoles cerraron con bajas, luego de que, además, se conoció que México y Canadá podrían quedar por fuera de esa medida.

Si Colombia tampoco logra ese cometido, de concretarse la iniciativa, deberá revisar si se incumple el tratado comercial existente con ese país, ante lo cual el Gobierno deberá decidir si acude a los mecanismos de resolución de controversia o si denuncia el TLC.

Lo dice Bruce Mac Master, presidente de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (Andi), quien también dice estar muy preocupado ante ese anuncio, en momentos en que la industria del país pasa por una difícil coyuntura y en la que sienten que el Gobierno les ha da dado la espalda.

¿Cómo reciben en la Andi el anuncio de los aranceles al acero y al aluminio hecho por el presidente Trump?

Es un campanazo muy fuerte para el futuro del comercio exterior, una decisión que traerá enormes impactos al comercio mundial, porque, de alguna forma, cuestiona los principios fundamentales sobre los cuales se han desarrollado todos los acuerdos y actuaciones de los países miembros de la OMC, especialmente de los más ortodoxos, como China.

Los conflictos en el mundo han sido, entre otros, por temas comerciales. Hoy existen los tratados, pero eso no significa que el espíritu guerrero de defensa no se mantenga. Ahí es cuando digo que Colombia es muy pasiva en la defensa de sus intereses comerciales.

¿Qué tan fuerte sería el golpe para la industria colombiana?

Si se genera la salvaguardia, se subiría ese 25 por ciento al menos al precio del acero a nivel local. La pregunta que surge, entonces, es qué pasará con los sectores de la construcción, de infraestructura y el industrial que utiliza el acero y aluminio en sus procesos. Habrá un efecto muy grande en su competitividad y sobre el consumo. Esa es la parte de la ecuación que aún no nos cuadra.

¿Cuánto acero y aluminio le vende Colombia a EE. UU.?

Nuestras cuentas indican que, en este momento, el total es de unos 226 millones de dólares anuales que se perderían con esos aranceles. Son 33 millones de acero y en productos elaborados, especialmente tubos y tubería petrolera; tejas, estructuras, entre otros, el resto de ese monto.

Nuestra industria siderúrgica depende mucho de sus ventas a Estados Unidos. Pero está el efecto indirecto, y es saber qué pasará con todo el acero que no llegue a ese país, a donde se enviará. Países pequeños, como Colombia, son un receptor de las decisiones que se tomen, y, sin duda, habrá efectos importantes en términos de empleo.

¿Qué salidas tiene el país ante una decisión como esa?

Nos tocará, primero, tratar de ser excluidos de esa norma; si esto no ocurre, analizar qué efectos tiene sobre el TLC, y si los tiene, mirar si nos metemos en una resolución de controversia o la denuncia del TLC. Nosotros viajamos esta semana a Washington con la ministra de comercio (María Lorena Gutiérrez). La idea es reunirnos con autoridades de allá para tratar de entender cuál sería el alcance de la norma y cómo Colombia puede aspirar a ser excluido, porque si algo no se puede argumentar es que el país, de alguna forma, afecta la economía norteamericana, con el acero que exporta.

El punto es que esas instancias se toman su tiempo...

Eso es importante, porque revisar esas medidas, si no es por decisión de quien las impone, puede tardar hasta dos años, mediante el mecanismo administrador o en la OMC. Mientras acá las compañías se quiebran, incluso, significa desaparecer del mercado.

El anuncio de Trump llega además en un momento crucial para la industria colombiana...

Sí; por eso, el país debe preguntarse si, mientras el mundo se está cerrando, es necesario seguir negociando un TLC con Japón, uno con Turquía y un acuerdo con los asociados de la Alianza del Pacífico (Singapur, Canadá, Nueva Zelanda y Australia). ¿Cuál es el beneficio de hacer eso? Porque, además, nos hemos encontrado, por lo menos con las negociaciones de los asociados, que estas son, por decir lo menos, muy curiosas y buscan imponer nuevas reglas.

Creo que la Alianza del Pacífico se tiene que sentar con dignidad y decirles que son bienvenidos, pero el núcleo de la negociación ya se hizo entre los cuatro países (Chile, Perú, Colombia y México), y si quieren entrar, no pueden traer nuevas reglas.

¿Y se lo han hecho saber así al Gobierno?

Por supuesto, porque no solo tenemos sobre la mesa el tema de las discusiones de lo que sucede en términos internacionales en los mercados, sino la precaria situación de la industria colombiana. Ya perdimos cerca del 8 por ciento de competitividad por la tasa de cambio, se nos está presentando una pequeña enfermedad holandesa, y no hacemos nada para incentivar la industria.

Hace un año hicimos una propuesta para que se montara un programa de Cert (certificado de reembolso tributario) de 3 por ciento para estimular las exportaciones, pero el Gobierno ya nos dijo que no. Esto habría permitido que las exportaciones crecieran entre 10 y 20 por ciento.

¿Cuál es el propósito del viaje a Washington?


Trabajar con el Consejo Privado Colomboamericano alrededor de uno de los comités que están pendientes de acceso a la Ocde, el del comercio. Pero nos encontramos con esa nueva realidad del acero que estamos tratando de entender, por lo que saber el tratamiento que se le dará a la producción de acero colombiana se convierte en el segundo objetivo de la reunión.